Francisco Narciso Laprida

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Laprida
¡Hola! Mi nombre es Francisco Narciso de Laprida. Nací en San Juan el 28 de octubre de 1786. Mi papá era español y mi mamá sanjuanina.

Cuando era todavía un niñito me mandaron a estudiar a Buenos Aires, un colegio re copado: Real Colegio de San Carlos. Ya de vuelta en San Juan, mi familia entera se trasladó a Chile. Allí fui a la Universidad de San Felipe para estudiar Cánones y Leyes, algo así como la abogacía de hoy.

En 1812 decidí regresar a San Juan. Al poquito tiempo de mi llegada entré a trabajar al Cabildo (sí, ¡en San Juan también había cabildo!). Durante un tiempo tuve que dejar de la provincia, pero regresé a colaborar con Ignacio de la Roza ayudar a San Martín a organizar su Campaña Libertadora.

Trabajaba mucho. Por eso un grupo de sanjuaninos me eligió para representarlos en el Congreso de Tucumán. También influyó mucho para que me eligieran, el General San Martín. Él me quería allí porque veía que tenía talento para los temas legales y políticos.

El 9 de Julio de 1816 yo estaba a cargo de presidir el Congreso y ese día, como ustedes saben… ¡se declaró la Independencia! Recuerdo con mucho cariño esos momentos… ¡fueron los más importantes de mi vida!

Luego de firmar el Acta de la Independencia, hicimos imprimir 3000 copias. De esas copias 1500 se hicieron en castellano, 1000 en quechua y 500 en aymará. Las hicimos de esa manera porque no queríamos que nadie se quedara afuera de este grito de libertad. Los pueblos originarios también eran libres. Nuestra idea era que la independencia y la libertad debía ser de todos y para todos.

Fray Justo Santa María de Oro

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Nací en San Juan el 3 de septiembre de 1772. De pequeño me interesó la vida de la iglesia, la fe. Por eso entré al Convento de Santo Domingo a los 15 años. Y a los 22 ya era prior de la Orden de los Dominicos. Un prior es un cargo religioso importante en la iglesia católica. En 1809 viajé a Roma para hacer trámites ante el Papa de ese momento.

Cuando regrese a San Juan, además de incorporarme a trabajar en el cabildo, me puse en contacto con un grupo de hombres que eran parte de una sociedad secreta y comenzamos a organizarnos para lograr el Proyecto de la Declaración de la Independencia. Mis hermanos también colaboraron, José fue el Capellán Militar del Ejército de San Martin.

El 13 de junio de 1815, fue un día muy especial para mí, el pueblo sanjuanino me eligió diputado para el Congreso de Tucumán donde se declaró la independencia.

Allí defendí la idea de consultar al pueblo para tomar decisiones importantes. La opinión de quienes te eligen es muy importante. Yo estaba tan contento e interesado en lograr la independencia que puse mucho dinero mío para ayudar a organizar el Ejército Libertador.

Cuando me retiré de la política volví a trabajar a la iglesia. Y en 1834 me eligieron primer obispo de Cuyo, que incluía a San Juan, Mendoza y San Luis.

José Ignacio de La Roza

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Nací en San Juan, el 1 de agosto de 1788. Mi familia estaba muy interesada en que yo estudiara. Así que me mandaron a la Universidad de Córdoba y luego a la Universidad de San Felipe en Santiago de Chile. Allí me recibí de Licenciado y Dr. en Jurisprudencia, o sea, me recibí de abogado.

Luego me fui a vivir a Buenos Aires donde participé en la Revolución de Mayo de 1810. ¡Qué tiempos! Allí integré el cabildo del 22 de mayo y luego trabajé con el genio de Mariano Moreno, que era uno de los secretarios de la Primera Junta.

De regreso a San Juan, en 1811, trabajé en el Cabildo, que era una municipalidad de las que conocemos ahora.

Luego de participar de la Revolución de Mayo me junté con otras personas a la “Logia Lautaro”. (Una logia es un grupo secreto, en este caso, nos juntamos para planear la independencia). Yo abrí el grupo de la Logia en San Juan.

En 1815 el cabildo me eligió Teniente Gobernador, una mezcla de intendente y gobernador. Desde ese puesto comencé a trabajar para al proyecto libertador del Gral. San Martín. Nuestra provincia era clave para este proyecto. Aportamos dinero, mulas, vestimentas y también fabricamos municiones, por lo que tuvimos que abrir minas. Pero lo más importante, muchos y valientes hombres.

Mientras fui la máxima autoridad de San Juan, construí canales para mejorar el riego en los campos, mejoré y aumenté el número de caminos y me ocupé de la salud, trayendo a San Juan vacunas y destiné recursos para construir un hospital.

Pero lo que me importaba era la educar al pueblo. Para eso fundé la Escuela de la Patria a la que podían acceder todos los niños del pueblo, sin importar su condición económica, social o religiosa. Porque los pueblos que más estudian son los más libres.

Patricias Sanjuaninas

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¡Hola!

La independencia no solo fue cosa de hombres; las mujeres también participamos. Aunque en esa época no podíamos ser soldados, trabajamos mucho para que los planes tuvieran un final feliz.

Nos llamaron patricias porque hace mucho tiempo, en Roma, se llamaba patricios o patricias a las familias más destacadas de la sociedad.

Como a las mujeres de hoy, éramos coquetas y queríamos vernos bonitas. Nos gustaban los vestidos, las cadenitas, los aritos, nos gustaban las fiestas, cantar, bailar… Pero no todo era divertirse y estar a la moda. También atendíamos nuestras casas, éramos muy hábiles para los negocios, tejíamos muy bien, nos gustaba pintar. En fin, todas éramos mujeres esforzadas y trabajadoras.

Cuando la patria luchaba por la independencia necesitaba de muchos recursos para poder defenderse. Había que tener ropa adecuada, alimentos, armas… Así que decidimos juntar dinero, hacer ropa, y además, donar cosas valiosas para poder tener más recursos.

Entre las cosas que juntamos ponchos, frazadas, pieles de carnero para abrigarse…y también mulas, monturas, alimentos ¡y hasta nuestras alhajas!

Tres de nosotras colaboraron con una hermosa bandera que fue la que enarboló una parte del Ejército que lideraba el Comandante Cabot (¡La bandera se encuentra hoy en el Centro Cívico!)

Pero no solo las mujeres patricias nos esforzamos. TODAS las mujeres de San Juan contribuyeron de distintas maneras para lograr la independencia.

Hicimos esto porque amábamos a nuestra patria y queríamos ser libres de cualquier enemigo. Y porque sabemos que todo lo bueno para la patria se consigue poniendo lo mejor de nosotras.

Anexo

Sólo las mujeres de San Juan, entregaron 238 ponchos, 18 ponchillos, 16 frazadas, 198 pieles de carnero, 39 jergas, 119 monturas, 115 caballos y 843 mulas, unas de silla y otras cargueras. Por otra parte, según el acta de las suscripciones recogidas en junio y julio de 1815, en esa oportunidad 29 mujeres, entre ellas 12 viudas, donaron alhajas, dinero, esclavos y productos alimenticios por un total de 14.242 pesos y algunos reales; destacándose entre ellas, por el valor económico de sus aportes, las “ciudadanas” Carmen Sánchez (320 pesos), Luisa Rufino (288 pesos, 2 reales), Francisca Cano (183 pesos, 6 reales) Borjas Torazo (111 pesos, 5 reales) y Féliz de la Rosa (101 pesos, 2 reales). César Guerrero en “Patricias Sanjuaninas” presenta una nómina de 380 mujeres que contribuyeron desde 1812 hasta 1819 a sostener la guerra de la independencia y otras urgencias de la patria, de las cuales por lo menos la mitad es seguro contribuyeron específicamente con la campaña de los Andes.